Las grandes corporaciones tecnológicas han comenzado a enfrentarse a una realidad incómoda en la que el entusiasmo inicial por la inteligencia artificial colisiona con la rigidez de los balances financieros.Tras un periodo de inversión masiva y adopción acelerada, altos ejecutivos del sector empiezan a cuestionar abiertamente si el gasto milimétrico en recursos de computación se traduce verdaderamente en mejoras tangibles para el consumidor. El caso de Uber ilustra a la perfección este punto de inflexión corporativo, donde la gestión operativa diaria exige una rendición de cuentas que los modelos de lenguaje actuales aún luchan por respaldar con métricas de rendimiento…Publicado originalmente en: Puro Marketing